La habitual ofensiva de las Farc antes de las elecciones encontró un aliado en el descuido de los militares para hacerle más daño a la Fuerza Pública y generar más ruido sobre la real fortaleza de las guerrillas.
Ayer, antes de subirse al avión que lo llevó a Tame, donde las Farc mataron a diez uniformados el sábado, el presidente Juan Manuel Santos reconoció lo que sus generales ya habían venido notando: las patrullas desplegadas en el país no están cumpliendo los protocolos de seguridad mínimos.
En los recientes ataques de Tumaco (Nariño) y Arauca, en los que murieron 20 uniformados, los soldados llevaban más de 24 horas en las zonas donde fueron atacados y no habían puesto en marcha el protocolo 'Patrullas dirigidas', que los obliga a evaluar los puntos débiles de su ubicación, para situar centinelas
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